miércoles, 2 de abril de 2025

Un implante cerebral que usa IA convierte el pensamiento en habla casi en tiempo real

Afp y Ap

 París. Un implante cerebral que utiliza inteligencia artificial (IA) logró convertir casi simultáneamente en habla los pensamientos de una mujer paralizada, indicaron ayer investigadores estadunidenses.

Aunque sólo se ha probado en una persona, este nuevo logro con un implante que conecta ondas cerebrales a un ordenador generó esperanzas de que otras personas que han perdido por completo la capacidad de comunicarse recuperen su voz.

El equipo de investigadores, basado en California, había utilizado una interfaz cerebro-ordenador (BCI, por sus siglas en inglés) para decodificar los pensamientos de Ann, una mujer de 47 años con cuadriplejia, quien perdió el habla durante 18 años tras un derrame cerebral, y traducirlos en habla.

Sin embargo, había un retraso de ocho segundos entre la generación de pensamientos y la producción del habla leída en voz alta por una computadora. Esto significaba que mantener una conversación fluida estaba fuera del alcance para Ann, una profesora de matemáticas de secundaria.

El equipo California registró la actividad cerebral de la mujer mediante electrodos mientras pronunciaba frases en silencio. Los científicos utilizaron un sintetizador que construyeron con su voz antes de la lesión para crear el sonido del habla que ella habría pronunciado. Entrenaron un modelo de IA que traduce la actividad neuronal en unidades de sonido.

Funciona de manera similar a los sistemas existentes utilizados para transcribir reuniones o llamadas telefónicas en tiempo real, dijo Gopala Anumanchipalli, de la Universidad de California en Berkeley.

El implante se ubica en el centro del habla del cerebro, de modo que escucha, y esas señales se traducen en fragmentos de habla que forman oraciones. Es un método de transmisión, explicó Anumanchipalli, donde cada fragmento de habla de 80 milisegundos (aproximadamente media sílaba) se envía a una grabadora.

Nuestro nuevo enfoque en tiempo real convierte las señales cerebrales en su voz personalizada casi inmediatamente, en menos de un segundo desde que intenta hablar, dijo a Afp el principal autor del estudio, Anumanchipalli.

Anumanchipalli agregó que la meta final de Ann es convertirse en consejera universitaria.

Aunque todavía estamos lejos de lograr eso para Ann, este avance nos acerca más a mejorar drásticamente la calidad de vida de las personas con parálisis vocal, indicó.

Emocionada al escuchar su voz

Durante la investigación Ann podía ver oraciones en una pantalla –del tipo Entonces me amas– que pronunciaba para sí misma en su mente.

Estas señales cerebrales eran rápidamente convertidas en su voz, que los investigadores reconstruyeron a partir de grabaciones antes de su lesión.

Ann estaba muy emocionada al escuchar su voz y reportó una sensación de corporalidad, detalló Anumanchipalli.

El modelo utiliza un algoritmo basado en una técnica de IA llamada aprendizaje profundo, que fue entrenado previamente a partir de miles de frases que Ann intentó pronunciar silenciosamente.

El modelo no es totalmente exacto y el vocabulario es limitado por el momento a mil 24 palabras.

Patrick Degenaar, experto en neuroprótesis de la Universidad de Newcastle en Reino Unido, quien no participó en el estudio, destacó que esta investigación es una prueba muy temprana de la efectividad del método.

Aun así, es genial, comentó.

Degenaar señaló que este sistema utiliza una serie de electrodos que no penetran en el cerebro, a diferencia del BCI usado por la empresa Neuralink de Elon Musk.

El método para instalar estos electrodos es relativamente común en hospitales donde se diagnostica la epilepsia, lo que significa que esta tecnología podría implementarse fácilmente a gran escala, añadió.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/04/01/ciencias/un-implante-cerebral-que-usa-ia-convierte-el-pensamiento-en-habla-casi-en-tiempo-real

martes, 1 de abril de 2025

Como esperando abril

Mucho más

allá de mi ventana,

las nubes de la mañana son

una flor

que le ha

nacido a un tren.

 

Un reloj

se transforma en cangrejo

y la capa de un viejo da

con una

tempestad

de comején.

 

Mucho más

allá de mi ventana,

algodones jugaban

a ser un jardín,

en espera de abril.

 

Luego entro los ojos

chorreando esa luz de infinito

y es cuando necesito

un perro, un bastón, una mano, una fe.

 

Y tú pasas tocando

el frío con suave silencio

y, ciego, te sentencio

a que nombres todo lo que ahora no sé.

 

Mucho más

allá de mi ventana,

las nubes de la mañana son

una flor

que le ha

nacido a un tren,

 

Un reloj

se transforma en cangrejo

y la capa de un viejo da

con una

tempestad

de comején.

 

Mucho más

allá de mi ventana,

algodones jugaban

a ser un jardín,

en espera de abril.

 

Mucho más 

allá de mi ventana

mi esperanza jugaba a

una flor,

a un jardín,

como esperando abril.


(1974)

domingo, 30 de marzo de 2025

Evolución y ética

Por Giraldo Alayón García / Fundación Ariguanabo

Introducción: La intersección entre evolución y ética

El concepto de evolución no solo ha transformado nuestra comprensión de la biología, sino que también ha influido profundamente en nuestras ideas sobre moralidad y ética. Desde la publicación de El origen de las especies, de Darwin, hasta debates contemporáneos, la evolución plantea preguntas fundamentales: ¿Es la ética un producto de la selección natural? ¿Cómo debe influir nuestra comprensión evolutiva en el comportamiento humano? Este ensayo explora el impacto de la teoría evolutiva en el desarrollo y la aplicación de principios éticos.


Una definición de evolución y ética

La evolución, en su sentido biológico, se refiere al proceso mediante el cual las especies cambian con el tiempo debido a la selección natural, la mutación, la deriva genética y otros factores. Por otro lado, la ética se ocupa de los principios que rigen el comportamiento humano, distinguiendo lo correcto de lo incorrecto. La conexión entre ambas surge al intentar entender si los valores y comportamientos éticos tienen raíces evolutivas o si son puramente construcciones culturales.

Contexto histórico

El estudio de la relación entre la ética y la evolución comenzó a ganar protagonismo tras la publicación de El origen de las especies (1859) por Charles Darwin. Este científico sugirió que ciertas emociones humanas, como la empatía o el altruismo, podrían tener bases biológicas moldeadas por la selección natural.

En las décadas posteriores, ideas como el “darwinismo social” adaptaron conceptos evolutivos al ámbito social y político. Sin embargo, muchas de estas interpretaciones distorsionadas sirvieron para justificar políticas discriminatorias, como la eugenesia, el colonialismo y las desigualdades sociales. Esto subraya la importancia de abordar con cuidado los vínculos entre evolución y ética.

En el siglo XX, disciplinas como la etología y la sociobiología comenzaron a explorar cómo los comportamientos sociales –como la cooperación y el altruismo– pueden explicarse en términos evolutivos. Científicos –como Edward O. Wilson– argumentaron que muchas de las conductas humanas están profundamente influenciadas por adaptaciones evolutivas.

Hoy en día, el debate sigue vigente, especialmente en áreas como la bioética (que enfrenta dilemas éticos relacionados con la genética y la evolución) y la ética ambiental, que busca integrar una visión evolutiva para respetar la biodiversidad.

La ética como producto de la evolución


La evolución no solo ha moldeado los aspectos físicos de los organismos, sino que también ha influido en los comportamientos sociales y, por ende, en la ética. Desde una perspectiva evolutiva, se argumenta que los principios éticos pueden haber surgido como adaptaciones que aumentaron la supervivencia y el éxito reproductivo de las especies sociales.

Evidencia del comportamiento altruista en animales

Los estudios en biología y etología han demostrado que muchas especies presentan comportamientos altruistas que benefician a otros individuos, incluso a costa del propio bienestar. Por ejemplo, las abejas sacrifican su vida para proteger a la colmena, y los delfines ayudan a miembros heridos de su grupo a sobrevivir. Estos comportamientos pueden interpretarse como estrategias evolutivas que favorecen el éxito del grupo, incrementando las posibilidades de supervivencia colectiva.

En los humanos, la cooperación y el altruismo también están profundamente arraigados. Las teorías evolutivas sugieren que estos comportamientos pudieron ser seleccionados porque fortalecían los vínculos sociales y, en última instancia, mejoraban las probabilidades de supervivencia en entornos hostiles.

La evolución de la cooperación

La teoría de los juegos y conceptos como el dilema del prisionero han sido utilizados para explicar cómo la cooperación puede surgir y mantenerse en poblaciones evolutivas. Estrategias como el altruismo recíproco (dar algo esperando que otro corresponda en el futuro) y la selección de parentesco (ayudar a familiares cercanos que comparten genes) muestran cómo la cooperación puede tener bases evolutivas sólidas.

En este sentido, muchos comportamientos que consideramos "éticos", como compartir recursos o proteger a los vulnerables, podrían haber surgido como mecanismos evolutivos para fortalecer la cohesión social y aumentar la probabilidad de éxito grupal.

Críticas al naturalismo ético

Aunque la idea de que la ética tiene raíces evolutivas es atractiva, también ha generado críticas. Una de ellas es la falacia naturalista, es decir, asumir que "lo que es natural es bueno". Esto implica que no todas las conductas que surgen de la evolución son éticas o deseables. Por ejemplo, la competencia extrema o la agresión, que pueden ser producto de la evolución, no son aceptadas como comportamientos éticos en muchas culturas humanas.

Además, algunos filósofos argumentan que reducir la ética a procesos evolutivos biológicos ignora el papel crucial de la cultura, la razón y la deliberación en el desarrollo de normas éticas humanas. Esta perspectiva nos lleva a reflexionar sobre cómo lo biológico y lo cultural interactúan en la construcción de la ética.

Aunque la ética en humanos incluye una dimensión cultural y filosófica, muchas especies animales muestran comportamientos que podrían interpretarse como "éticas naturales" o basadas en la cooperación y el bienestar colectivo. Tenemos algunos ejemplos fascinantes:

Altruismo en los elefantes

Los elefantes son conocidos por su empatía y solidaridad. En varias ocasiones, se ha documentado cómo estos animales ayudan a miembros heridos de su manada o incluso a individuos de otras especies. Por ejemplo, los elefantes pueden trabajar juntos para sacar a un compañero atrapado en el lodo, mostrando un alto grado de cooperación y cuidado hacia otros.

Justicia entre los primates

Los monos capuchinos, en estudios experimentales, han demostrado un sentido de equidad. En un famoso experimento, se les ofrecieron recompensas diferentes por realizar la misma tarea. Si un mono recibía un trato desigual (por ejemplo, una fruta menos valiosa), mostraba signos de descontento, lo que indica una percepción de justicia. Este comportamiento refleja una ética implícita en el trato equitativo.

Solidaridad en los lobos

En las manadas de lobos, el liderazgo se basa más en la cooperación que en la fuerza bruta. Los lobos líderes cuidan de los miembros más débiles, asegurando que toda la manada prospere. Además, al cazar, trabajan en equipo de manera eficiente, repartiendo roles para maximizar el éxito, un ejemplo de cómo el bienestar colectivo guía su comportamiento.

Ayuda recíproca en los murciélagos vampiro

Los murciélagos vampiro que no han conseguido alimentarse en una noche pueden ser ayudados por otros miembros del grupo. Estos últimos regurgitan sangre para compartirla con aquellos que no tuvieron suerte. Esta acción no es desinteresada: se basa en el altruismo recíproco, donde los roles pueden invertirse en el futuro.

Protección comunitaria en los suricatos

Los suricatos viven en grupos donde algunos miembros asumen el papel de vigías mientras otros buscan comida. Estos vigías alertan al grupo de posibles depredadores, exponiéndose al peligro para proteger a sus compañeros. Este sacrificio personal por el bienestar del grupo es un claro ejemplo de cooperación ética en el reino animal.

Estos comportamientos no son iguales a la ética humana, pero demuestran que muchas especies poseen instintos y mecanismos sociales que promueven la cooperación, la empatía y el bienestar colectivo.

sábado, 29 de marzo de 2025

Las grandes mentiras de la guerra de Ucrania

Thomas Palley

En el libro La marcha de la locura: la sinrazón desde Troya hasta Vietnam, la historiadora Barbara Tuchman aborda la desconcertante cuestión de por qué a veces los países promueven políticas radicalmente opuestas a sus intereses. Esta pregunta vuelve a cobrar relevancia ahora que Europa ha decidido empeorar aún más la marcha de la locura sobre Ucrania. Continuar con esta marcha tendrá graves consecuencias para Europa, pero abandonarla plantea un desafío político colosal que obliga a explicar cómo la Unión Europa ha resultado perjudicada por su política ucraniana; cómo es evidente que, si redobla esa apuesta, va a verse aún más perjudicada; cómo se ha vendido políticamente esa marcha de la locura; y, por último, por qué el poder político porfía en esa idea.

Los costes político-económicos de la locura

A pesar de no haber intervenido directamente en el conflicto ucraniano, Europa –y, sobre todo, Alemania– se ha convertido en uno de los grandes perdedores de la guerra debido a las sanciones económicas, que han tenido un efecto bumerán en la economía europea. La energía barata procedente de Rusia ha sido reemplazada por energía cara procedente de Estados Unidos. Esto ha tenido un impacto negativo sobre el nivel de vida de la sociedad y la competitividad del sector manufacturero; asimismo, ha influido en el aumento de la inflación en el territorio europeo.

A lo anterior se suma la pérdida de un mercado importante como es el ruso, en el que Europa vendía productos manufacturados y obtenía inversiones y oportunidades de crecimiento. Además, Europa se ha quedado sin el fastuoso gasto de las élites rusas: la combinación de estos factores ayuda a esclarecer el estancamiento de la economía europea. Por si fuera poco, su futuro económico está gravemente comprometido por la marcha de la locura, que amenaza con hacer permanentes esos efectos.

La llegada masiva de refugiados ucranianos también ha tenido consecuencias adversas: ha aumentado la competencia a la baja de los salarios; ha agravado la escasez de viviendas, lo que ha subido el precio de los alquileres; el sistema escolar y los servicios sociales se han sobrecargado, y el gasto público se ha incrementado. Aunque estas consecuencias han repercutido sobre el conjunto del territorio europeo, Alemania se ha llevado la peor parte. Esto, sumado a los efectos económicos adversos, ha contribuido a enturbiar el clima político, lo que ayuda a explicar el ascenso de la política protofascista, sobre todo –de nuevo–, en Alemania.

La gran mentira y cómo se vende la locura

La “gran mentira” es una idea que Adolf Hitler formuló en Mein Kampf (Mi lucha). Viene a decir que, si una mentira descarada asociada a un prejuicio popular se repite muchas veces, terminará por aceptarse como verdad. Joseph Goebbels, propagandista nazi, logró perfeccionar la teoría de la gran mentira en la práctica. Es innegable que muchas sociedades la han usado en cierta medida, y el poder político europeo ha recurrido a ella con total libertad para vender ahora la marcha de la locura.

La primera gran mentira es el resurgimiento de la narrativa sobre los acuerdos de apaciguamiento de Múnich de 1938, que afirma que Rusia invadirá Europa central si no es derrotada en Ucrania. Esa mentira también se alimenta con los restos de la teoría del dominó de la Guerra Fría, según la cual la conquista de un país desencadenaría una oleada de colapsos en otros países.

La narrativa de apaciguamiento motiva, asimismo, comparaciones sumamente desacertadas entre el presidente Putin y Hitler, avivadoras de una segunda gran mentira: el moralismo maniqueo que presenta a Europa como la encarnación del bien y a Rusia como la encarnación del mal. Este marco impide reconocer la responsabilidad de Occidente en la gestación del conflicto, por medio de la expansión de la OTAN hacia el este, y la propagación del sentimiento antirruso en Ucrania y otras repúblicas exsoviéticas.

La tercera gran mentira atañe a la capacidad militar de Rusia: se argumenta que su poderío militar representa una amenaza existencial para Europa central y oriental, y esto aporta credibilidad a la acusación del expansionismo ruso. Ninguna ecuación matemática podría desmentirlo; sin embargo, los antecedentes en el campo de batalla indican lo contrario, al igual que el análisis de su base económica, relativamente exigua en comparación a la de los países de la OTAN, sin olvidar el envejecimiento demográfico que padece.

El “apaciguamiento de Múnich”, el “expansionismo ruso”, “Rusia como encarnación del mal” y la “amenaza militar rusa” son imágenes ficticias que se utilizan para deslegitimar a este país y, a la vez, justificar y encubrir las agresiones occidentales. Nunca existieron pruebas de que Rusia tuviese la intención de controlar Europa occidental, ni durante la Guerra Fría ni hoy en día. Al contrario, la intervención de Rusia en Ucrania fue motivada principalmente por el miedo –en términos de seguridad nacional– que desató la expansión de la OTAN por parte de Occidente, de la que Rusia se ha quejado repetidamente desde la desintegración de la Unión Soviética.

La gran mentira emponzoña la posibilidad de paz, porque no se puede negociar con un adversario que encarna el mal y constituye una amenaza existencial. Con todo, y a pesar de su naturaleza engañosa, las mentiras ganan terreno entre la opinión pública; por un lado, porque se conectan con una dilatada historia de sentimiento antirruso, que incluye la Guerra Fría y el miedo a los rojos de los años veinte; por otro, porque apelan a la soberbia pretensión de superioridad moral, uno de los emblemas de la marcha de la locura.

Cortina de humo: el establishment europeo intensifica la marcha de la locura

La gran mentira ayuda a explicar cómo el poder político europeo ha vendido la marcha de la locura, pero invita a preguntarnos por qué. La respuesta es tan simple como compleja. La parte simple del análisis advierte que el establishmentpolítico europeo ha fracasado en la política interior y se asoma al abismo: adoptar la locura con mayor ahínco es un intento de salvación.

Ejemplo de ello es Francia, con un presidente, Macron, bastante impopular y menguante legitimidad democrática. La estrategia de guerra exterior actúa como cortina de humo redirigiendo la atención de los fracasos en la política interna hacia un enemigo externo. Así, Macron apela al nacionalismo militarista y se posiciona como defensor de La France.

En la misma línea, Keir Starmer, primer ministro británico, ha redoblado la apuesta por la estrategia política de la triangulación, de modo que los laboristas siguen los pasos del partido conservador. Starmer y su partido han llevado la estrategia tan al extremo que de laboristas ya solo les queda el nombre, e incluso han superado a los conservadores con su postura belicista en Ucrania. Ahora bien, estas decisiones lo han hundido políticamente. En un escenario en el que lo único que ofrece son medidas conservadoras, los votantes de derecha eligen la marca original y los de centroizquierda se abstienen cada vez más. Como respuesta, Starmer ha optado por ampliar la intervención de Reino Unido en Ucrania y ha participado en sesiones fotográficas acordadas con fines militares en un intento de evocar las figuras de Winston Churchill y Margaret Thatcher.

Pero es que, si observamos el panorama general, comprobaremos que los socialdemócratas europeos tienden a una postura aún más militarista que los conservadores. En parte, esto se debe al fenómeno de mimetización derivado de la triangulación, que fuerza a estos grupos a tratar de superar a sus rivales constantemente. De igual manera, se debe al infame abandono de la oposición al nacionalismo militarista que ha definido a la izquierda desde los horrores de la I Guerra Mundial. En otras palabras: muchos socialdemócratas se han convertido ahora en amigos de la locura.

La animadversión de Europa contra Rusia y las largas raíces de la locura

La parte compleja de por qué Europa ha adoptado el paradigma de la locura se arraiga en las largas y enmarañadas raíces de esta, que se remontan a muchos años atrás. Esa historia ha sembrado la animadversión institucionalizada contra Rusia que ahora impulsa la marcha de la locura europea. Hace setenta años que Europa carece de un enfoque independiente en materia de política exterior. En su lugar, se somete al liderazgo de Estados Unidos y designa a personas afines a los intereses estadounidenses para ocupar los cargos de defensa y política exterior que ostentan el poder.

Este sometimiento se propaga a las élites de la sociedad civil –laboratorios de ideas, universidades prestigiosas y grandes medios de comunicación– y al complejo industrial-militar y el empresariado, que han secundado este posicionamiento con la esperanza de abastecer al ejército de Estados Unidos y conseguir acceso a los mercados estadounidenses. Todo esto ha desembocado en el secuestro del pensamiento político europeo en materia de política exteriory la conversión de Europa en un actor subordinado a la política exterior estadounidense, una situación que sigue vigente.

Dada la falta de autonomía en política exterior, Europa se ha mostrado dispuesta a apoyar la expansión hacia el este de la OTAN comandada por Washington en la era posterior a la Guerra Fría. El objetivo de Estados Unidos era crear un nuevo orden mundial en el que se consolidaría como potencia hegemónica sin que ningún país pudiese disputar su dominación, como había hecho la Unión Soviética. El proceso comprendía tres pasos, siguiendo el plan maestro articulado por Zbigniew Brzezinski, exconsejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Primero, expandir la OTAN hacia el este para incorporar países del antiguo Pacto de Varsovia; segundo, expandir la OTAN hacia el este para incorporar repúblicas exsoviéticas; tercero, concluir el proceso con la división de Rusia en tres estados.

El sometimiento de Europa al liderazgo estadounidense también permite explicar la urgencia paralela de la Unión Europea por expandirse hacia el este. Habría sido muy sencillo acceder a las ventajas económicas del mercado por medio de acuerdos de libre comercio, que, además, habrían posibilitado el aprovechamiento de la mano de obra barata procedente de Europa central y oriental por parte de las empresas europeas. Lejos de eso, se optó por la ampliación –a pesar de resultar sumamente costosa en términos económicos y de que Europa del Este carecía de una tradición política democrática común–, porque así se afianzaba a los Estados miembro en la órbita occidental y se acorralaba a Rusia; esto es, la expansión hacia el este de la UE complementaba la expansión hacia el este de la OTAN.

Por último, también existen factores idiosincráticos propios de cada país que sirven para explicar la adopción de la locura por parte de Europa. Uno de los casos que ilustran la histórica animadversión contra Rusia es el de Reino Unido, cuya antipatía se origina en el siglo XIX, cuando veía la expansión rusa en Asia central como una amenaza a su dominio en India. A esto se sumó el miedo a que Rusia ganase influencia ante el declive del Imperio Otomano, lo que propició la Guerra de Crimea. Hoy en día, la animadversión británica contra Rusia se asienta en la Revolución bolchevique de 1917 y el establecimiento del gobierno comunista, la ejecución del zar y su círculo familiar, y el incumplimiento de pago por parte de la Unión Soviética de los préstamos que Reino Unido había concedido en el marco de la I Guerra Mundial. En 1945, menos de seis meses después de la firma del Acuerdo de Yalta con la Unión Soviética, Winston Churchill propuso la Operación Impensable, un plan que incluía el rearme de Alemania y la continuación de la Segunda Guerra Mundial contra Rusia. Afortunadamente, el presidente Truman lo rechazó. Tras la Segunda Guerra Mundial, el servicio secreto británico apoyó un levantamiento en la Ucrania soviética comandado por el ucraniano Stepan Bandera, fascista y colaborador nazi. Este trazado histórico clarifica el alcance de la animadversión de la clase gobernante británica contra Rusia, un sentimiento que perdura en la concepción de la política y la seguridad nacional del presente.

Todo lo que se sembró en este largo e intrincado recorrido histórico se está cosechando ahora con el conflicto ucraniano. Dada su condición de actor subordinado, Europa se posicionó de inmediato con la respuesta estadounidense, a pesar de los costes en términos económicos y sociales y de que el conflicto apelaba a la hegemonía estadounidense, no a la seguridad europea.

Peor aún: debido a la expansión previa de la OTAN y la UE, estas instituciones han anexado Estados –a saber, Polonia y los países bálticos, entre otros– con una profunda y activa aversión hacia Rusia, lo que los convierte en firmes partidarios de la marcha de la locura. Como miembro de la OTAN, incluso antes de la intervención militar rusa en Ucrania, Polonia acogió con agrado el despliegue de instalaciones para misiles que podrían suponer una amenaza directa a la seguridad nacional de Rusia. En el mismo orden de ideas, y con anterioridad a la intervención en Ucrania, los países bálticos habían insistido en el despliegue de más fuerzas de la OTAN en su territorio.

En cuanto a la UE, ha elegido mandatarios rusófobos deliberadamente, como Ursula von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea. El último nombramiento en ese sentido ha sido el de la estonia Kaja Kallas, nacionalista extremista designada como alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Kallas ha pedido abiertamente la disolución de Rusia y, durante su mandato como primera ministra de Estonia, promovió con vehemencia políticas contra la población de etnia rusa.

Más papista que el papa: los amargos frutos político-económicos de la locura

Paradójicamente, es Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, el que ha roto con la estrategia de seguridad nacional estadounidense del aparato bipartidista que abogaba por cercar a Rusia y escalar la tensión cada vez más. Esta ruptura abre una oportunidad para que Europa se libre de la trampa en la que ha caído por su falta de visión política. No obstante, se muestra más papista que el papa; leal al Estado profundo estadounidense que vela por la seguridad nacional.

Tanto el presidente Macron como el primer ministro Starmer hablan del envío unilateral de efectivos militares franceses y británicos a Ucrania. No hay duda de que eso escalaría drásticamente el conflicto, además de evocar la estupidez de los eventos que condujeron a Europa a la I Guerra Mundial. El Gobierno laborista de Starmer también habla de una “coalición de los dispuestos”, ignorando que esa expresión hace referencia a la invasión ilegal de Estados Unidos en Irak.

Mientras tanto, la Unión Europea, con la aprobación del establishment político europeo, impulsa un mastodóntico plan de gasto militar de 800.000 millones de euros, financiado a través de bonos. La facilidad con la que se diseñó un plan con un presupuesto de este calibre dice mucho sobre el carácter de la UE. El dinero para el keynesianismo militar se dispone con prontitud; el dinero para las necesidades de la sociedad civil nunca está disponible por razones de responsabilidad fiscal. Reino Unido, Alemania y Dinamarca, entre otros países, también han presentado propuestas para incrementar su propio gasto militar.

El giro hacia el keynesianismo militar generará un impacto macroeconómico positivo, ya que está respaldado por el complejo industrial-militar europeo, uno de los grandes beneficiarios. Eso sí: fabrican cañones, no mantequilla. Peor todavía, esta deriva augura la consolidación de una economía impulsada por la guerra, sin espacio para la política fiscal; es decir, sin espacio para la inversión pública en ciencia y tecnología, educación, vivienda o infraestructura, áreas que realmente aportan bienestar.

Por otro lado, el giro hacia el keynesianismo militar traerá consecuencias políticas negativas, ya que reforzará la posición y el poder políticos del complejo industrial-militar y de los partidarios del militarismo. La celebración del militarismo, por otra parte, va calando paulatinamente en la percepción del electorado, de forma que promueve el desarrollo de movimientos políticos reaccionarios más amplios.

En definitiva, los frutos político-económicos de la marcha de la locura se anuncian amargos y tóxicos. La única manera de evitarlos es que los liberales y los socialdemócratas europeos recuperen el sentido común, pero me temo que el panorama es desolador.

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Thomas Palley es economista. Miembro de Economics for Democratic and Open Societies.

Texto traducido por Cristina Marey Castro.

https://ctxt.es/es/20250301/Politica/48880/Thomas-Palley-grandes-mentiras-guerra-Ucrania-belicismo-OTAN-Union-Europea-Rusia.htm

viernes, 28 de marzo de 2025

Occidente: el nuevo fascismo

Editorial de La Jornada:

Occidente ha decidido que no sólo va a financiar el genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino, a declarar la guerra a cualquier país u organización que intente frenar la masacre y bloquear toda iniciativa en el marco de Naciones Unidas que busque detener la maquinaria de exterminio de Tel Aviv. Ahora también se criminalizará y perseguirá a quien denuncie estas atrocidades, suprimiendo la libertad de expresión de toda persona que conserve la suficiente humanidad para condolerse con los niños, mujeres y ancianos destrozados por las bombas, con los recién nacidos que mueren entre los escombros, con los periodistas cazados sistemáticamente, con los cineastas linchados por turbas de sionistas fanáticos, con un pueblo entero humillado por las burlas de sus asesinos.

En Estados Unidos, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha terminado cualquier disimulo en el embate contra la libertad de expresión. El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que se han cancelado las visas de más de 300 personas por participar en protestas contra el genocidio, y amenazó con expulsar del país a todo extranjero que exprese su disidencia con el gobierno israelí. En los últimos días la policía ha secuestrado a Mahmoud Khalil y Rumeysa Ozturk e iniciado trámites para deportarlos por sus posturas políticas, pese a que el primero cuenta con una residencia permanente. Asimismo, Trump anunció que retiraría fondos federales a todas las instituciones educativas que no tomen medidas para imponer el sionismo como pensamiento único en sus campus. Como resultado, Columbia, donde una parte de la comunidad estudiantil se había negado a voltear la mirada mientras tiene lugar la más atroz limpieza étnica del siglo, se comprometió a militarizar sus instalaciones, designar a un censor en sus departamentos de estudios de relaciones con Medio Oriente, cambiar sus políticas de admisión y expulsar a estudiantes o académicos críticos.

Alemania ha seguido un camino similar, normalizando expresiones de odio que hace poco nadie habría imaginado fuera de los círculos de la extrema derecha. En este país, que rivaliza con Washington en su apoyo a Tel Aviv y donde la islamofobia está siempre latente bajo las buenas maneras cultivadas por la clase política y los grandes medios, se han girado instrucciones para que las escuelas persigan toda manifestación verbal de apoyo a la resistencia del pueblo palestino. A las personas se les puede impedir la libre circulación por portar la kufiya, la prenda icónica de Palestina, que, como todos los símbolos de dicha nación, son calificados por las autoridades como una apología del terrorismo en lo que constituye una estigmatización por motivos étnicos y religiosos de la que se supondría más precavida a la sociedad alemana. Con diversos matices, la islamofobia y la feroz persecución contra los denunciantes del genocidio se repiten en todo Occidente.

Ante los ojos del mundo, se ha instalado un consenso fascista-sionista con el que se justifica la clausura de las libertades de expresión, de reunión, de movimiento, de manifestación y de pensamiento. La principal responsable de hacer frente a este oscurantismo es la sociedad estadunidense, cuya aceptación de la Ley Patriótica promulgada en 2001 por George W. Bush la condenó a sí misma, pero también al resto del planeta, a una degradación de las libertades que hoy se encuentra totalmente naturalizada. Debe recordarse que esa ley habilita la detención indefinida de personas sospechosas de terrorismo sin necesidad de presentar cargos formales, otorga a las agencias gubernamentales amplios poderes para realizar vigilancia electrónica y acceder a registros financieros y de comunicación de ciudadanos estadunidenses sin una orden judicial. El espionaje fuera de Estados Unidos ya era una actividad rutinaria de Washington, y lo sigue siendo.

En suma, es necesario reconocer que la regresión desatada por el trumpismo se inscribe en una larga erosión de las libertades en nombre de la seguridad nacional y el combate a enemigos reales o imaginarios, en una senda prohibicionista que se asemeja de manera notoria al macartismo de la guerra fría. Hoy las principales víctimas son el pueblo palestino, sus simpatizantes y las personas migrantes no blancas, incluso las que cuentan con documentos. Sin embargo, ya ha iniciado el embate contra las mujeres, el colectivo de la diversidad sexual, los afroestadunidenses y otros grupos que no deberían esperar a un recrudecimiento de la intolerancia para tejer redes de solidaridad y resistencia.

*  https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/03/28/editorial/occidente-el-nuevo-fascismo

jueves, 27 de marzo de 2025

Crisis y vejez: transitar el final de la vida en Cuba

 Por Mayra Espina

Foto: Kaloian

La demografía no suele generar noticias de gran impacto. Sin embargo, en julio de 2024, cuando directivos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) anunciaron que entre 2020 y 2023 la población residente en Cuba había decrecido un  10 % significa que habitamos en la isla menos de 10 millones de personas sentimos un verdadero mazazo. Aquella noticia llenó titulares en medios cubanos y extranjeros. 

En febrero pasado el tema volvió a las noticias. La ONEI precisó que somos algo más de 9 millones 700 mil personas viviendo “efectivamente” en el país: alrededor de 300 mil menos que en 2023. 

La predicción es que la tendencia se acentúe. 

Las causas están a la vista: migración galopante, baja tasa de natalidad y mayor número de muertes que de nacimientos. 

Una investigación independiente ofreció datos más impactantes: entre 2022 y 2023, la población de la isla cayó un 18 %. Según esa fuente, el saldo real de la crisis migratoria nos habría dejado una población de 8,5 millones. 

Pocas sociedades modernas, en tiempos de paz, deben haber experimentado decrecimientos de esa magnitud a ritmo tan acelerado, a la par que crecen comunidades de sus nacionales en otros países.

La tendencia al decrecimiento poblacional está acompañada de un proceso de envejecimiento que se verifica desde hace años. En la estructura por edades de la población cubana, las personas con más de 60 años alcanzan el 25 %. Es decir, al menos 1 de cada 4 cubanos tiene más de 60 años.

El envejecimiento demográfico es un hecho positivo. Significa que mejoras sostenidas y duraderas en la satisfacción de necesidades esenciales y acceso a servicios y prestaciones sociales para las grandes mayorías, en especial salud, alimentación básica, educación y protección social, tienden a elevar la esperanza de vida y fortalecer la capacidad de sobrevivencia de la población.

Pero el contexto nacional se ha hecho cada vez menos amable para la tercera edad. Hemos emergido, después de la vulnerabilidad extrema que la pandemia generó para los ancianos, a la superficie de una crisis en la cual el extremo final de la vida se somete a peligros y limitaciones inminentes.

Indagando en consultas de atención psicológica y en investigaciones sobre tercera edad, afloran cinco factores que marcan en Cuba una buena o mala vejez: nivel de ingresos propios, validez física y mental, lugar de residencia, cuidado familiar o de otras personas e interacción social. 

A partir de estas variables, y del momento que la tercera edad transita, se configuran modelos de vejez y de real disfrute —o no— de los derechos que reconoce el Código de las Familias, como el respeto a la autodeterminación, las preferencias y la igualdad de oportunidades en la vida familiar de los adultos mayores. No obstante, aunque estén refrendados por ley, estos modelos no se hacen realidad por decreto.

Una mirada al contexto bajo esta óptica nos devuelve un panorama preocupante: 

En diciembre de 2024, las autoridades informaban que solo se disponía del 24 % del cuadro básico de medicamentos. Están por debajo de la demanda los que se distribuyen de forma controlada para el tratamiento de la diabetes y la hipertensión. En 2022 se verificó un déficit de 12 065 médicos en comparación con el año anterior.

Actualmente, la pensión mínima es de 1528 CUP y la media de 2 mil CUP, mientras que el costo de la canasta básica alimentariasegún estimados independientes no reconocidos oficialmente, llega a un promedio mensual per cápita de 12 mil CUP. Alrededor del 40 % de los jubilados están en el rango de las pensiones mínimas. En 2022 se estimó además que el 17,4 % de las personas adultas mayores viven solas.  

A propósito, un colega demógrafo me comparte sus estimaciones:

Es presumible que el porcentaje de personas adultas mayores viviendo solas se haya incrementado a 20 %, debido a la emigración preferencial del grupo entre 15 y 19 años y al aumento de personas en la tercera edad. Si a este grupo se le aplica la proporción de adultos mayores de bajos ingresos (40 %), significaría que más de 164 mil personas senescentes estarían afectadas por esa doble condición.

Los circuitos de la tercera edad

En las ciudades y poblados del país es posible identificar una especie de “circuito cotidiano de la longevidad”, por el que transitan asiduamente y se reúnen personas de la tercera edad que ya no trabajan: el banco, la bodega, la panadería, la farmacia, el consultorio médico y el parque. 

Las personas de fe, o aquellas impelidas por necesidad, agregan otro espacio: acuden a iglesias y actividades religiosas, en las que encuentran consuelo espiritual, socialización y apoyo para las carencias y las soledades. 

En los cinco primeros puntos del circuito, como regla, pasan un tiempo largo haciendo cola, hasta que “les toque su turno” para cobrar la jubilación, comprar algo o atender la salud. En el parque el panorama es más alentador: van a los ejercicios de tai chi u otros gratuitos o pagados según sea el arreglo que, con apoyo del INDER, guían monitores entrenados en los barrios. 

Escuchando las conversaciones en esta ruta, se devela un relato sobre el modelo ideal, la vida deseada:

Ingresos adecuados permiten comprar lo que se necesita en el mercado formal e informal, incluidos medicamentos, y además pagar cuidados, taxis, servicios diversos. Decidir en qué emplear el dinero, comer lo que se desea. Darse un gusto. Regalar algo a los nietos. Tener lo mínimo para una buena vida: cama, colchón, ventilador, televisor, un sillón y un techo sin goteras. El café y la leche de la mañana no pueden faltar. Si tienes hijos fuera, un celular para comunicarse.

Poder valerse por sí mismos da independencia; se puede planificar cómo pasar el día a día, incluso aunque no se tenga mucha cobertura económica. Es posible continuar trabajando y sentirse útil. También ayudar en la casa, en la cocina, con las compras, con los niños.

Vivir en un lugar céntrico hace posible el desplazamiento, sin mucho esfuerzo y costo, hacia servicios, actividades culturales y sociales, encuentros con amigos, ver gente, conversar.

Tener compañía, permanente o frecuente, mitiga el posible declive físico y mental, apoya en actividades diarias o en algún paseo juntos. Quien acompañe, tiene que hacerlo con cariño y comprensión y sin pretender tomar decisiones por quien está en plenitud de pensamiento. Amigas y amigos son muy importantes. Si los hijos no están, pero se preocupan por enviar dinero, medicinas y comida y llaman, su ausencia se siente menos; les da sensación de protección y amor y se vive con la esperanza de los reencuentros. Se cuida la salud para volver a verlos. Se cuida la mente para no olvidarlos. 

Este es el país de los viejos solos. Cada vez somos menos y más viejos. 

Somos una especie en extinción, debe ser por el cambio climático. 

¿Darán arroz este mes en la bodega? En casa se está acabando. 

Ya no me queda enalapril y aun no tengo el nuevo tarjetón para el lisinopril. ¿Hasta cuándo durará este abuso? 

Pasa luego por casa a tomar café

Ya tengo “el paquete”, te puedo copiar La Voz Kids y MasterChefAsere, recuerda el dominó de esta tarde

Todo eso se les oye decir. 

En el parque, en una videollamada por WhatsApp a la vista pública y a viva voz, una señora agradece que ya le llegó el dinero a la tarjeta de MLC, el paquete de pollo y el café La Llave. Aprovecha e informa que tiene encaminados los trámites para legalizar los títulos y otros documentos que necesita la familia en el extranjero. Una vecina, también adulta mayor, se asoma a la cámara del celular y saluda a la hija de la señora, del otro lado de la llamada.

De la situación del país, y de “lo mala que está la cosa”, hablan todos, con coincidencias, opiniones encontradas y eventuales discusiones un poco acaloradas, según se atribuya la responsabilidad por “la cosa” al bloqueo o al Gobierno.

Otras actividades llenan el tiempo. Ver series de Netflix y novelas turcas, participar en proyectos comunitarios disímiles (más las mujeres), escuchar por radio eventos deportivos, ver por televisión partidos de fútbol y baseball y estar al tanto de la política (más los hombres), conversar con amigos y vecinos.  

Una ruta preferida es la cultura. Según observaciones en diferentes ciudades del país, en conciertos de música clásica, peñas musicales, teatros, exposiciones de artes plásticas, presentaciones de libros, conferencias, actividades de los centros históricos, los adultos mayores están sobrerrepresentados. 

Pero este circuito noble, de gratuidades y bajos precios, es selectivo y excluyente. Para que la tercera edad lo ocupe, se necesita cercanía espacial o disponibilidad de transporte, información y compañía. 

El circuito del submundo dolorosísimo de la rebusca en basureros, la mendicidad y la vida de calle, también se traga a ancianas y ancianos. Sin datos oficiales, en conteos callejeros en Centro Habana, Habana Vieja y El Cerro, encuentro que al menos la mitad de las personas en esa condición son adultos mayores y la mayoría afrodescendientes. 

La articulación de desabastecimiento, emigración y envejecimiento ha hecho emerger disímiles circuitos trasnacionalizados como una zona de actividad económica, en el sector privado y en el informal, destinada a la tercera edad. 

Empresas o trabajadores autónomos ofrecen servicios de enfermería, atención médica geriátrica personalizada, tareas del hogar, compañía, transferencias monetarias, transporte y paquetería. 

Estos servicios están disponibles para todo el que pueda pagarlos, aquí o allá, en cualquier moneda, pero han perfilado y ampliado su oferta para responder a una demanda creciente de los que están “allá” para sus mayores que están “aquí”. El dinero hace la diferencia en la vejez de la Cuba de hoy. 

Una red de solidaridades, basadas en amistad y parentesco, cumple funciones parecidas para padres, madres, abuelas y abuelos de los que cambiaron su residencia “efectiva” más allá de la frontera nacional: traen y llevan cosas en viajes de ida y vuelta, hacen gestiones bancarias, consiguen medicinas, llevan a reparar equipos, apoyan para que personas mayores aprendan a lidiar con la computadora y el teléfono.

Urgencias

Los bajos ingresos de una franja grande de las personas de la tercera edad, el aumento de familias en condición de pobreza, la baja capacidad de la economía para remontar la crisis, el debilitamiento de las instituciones y prestaciones sociales y la emigración, pesan con especial rigor sobre esta etapa de la vida y la marcan con altos niveles de incertidumbre e incomodidad. 

Obviamente, aquí se mezclan condiciones personales, familiares y socioeconómicas que, en su combinación, hacen muy diversa la vida en la vejez. Es un ámbito en el que la oreja peluda de la desigualdad social y las brechas de equidad asoman a cada paso. 

Las carencias y vulnerabilidades asociadas a esta etapa de la vida no son invisibles para la política social. Un set amplio de prestaciones está diseñado para atenderlas, la mayoría coordinadas por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Comercio Interior y el Ministerio de Salud Pública. 

Este conjunto incluye prestaciones monetarias para personas y familias de bajos ingresos, el servicio social a domicilio para personas solas y con bajo grado de validismo, el pago del consumo eléctrico, la exención de pago de medicamentos, las dietas médicas vitalicias o temporales, el sistema de atención a la familia (SAF), que ofrece alimentos elaborados a bajo precio, hogares de ancianos y casas de abuelos. La Universidad del Adulto Mayor, allí donde está presente y es accesible, ofrece una oportunidad de socializar, aprender y dignificar el cuidado de sí.

Para 2025, además, el presupuesto nacional previó destinar 2,456 millones de pesos a los servicios de cuidados para menores hasta seis años y las personas adultas mayores o en situación de discapacidad, la atención a la fecundidad, la producción de ayudas técnicas como bastones, muletas, andadores, sillas de ruedas. 

Son apoyos que alivian a quienes los reciben, pero su oferta por debajo de la demanda real, en cantidad y calidad, y sus montos exiguos, que no se ajustan al costo de la vida, no logran la cobertura necesaria ni rebasar amparos mínimos; muchas veces quedan por debajo de las necesidades esenciales. 

Entre 2012 y 2021 la esperanza de vida al nacer cayó de 78,53 a 71,25. En el país sobrepasan el límite de los 70 años más de un millón de personas. Una generación entera de conciudadanos quedará fuera de las supuestas mejoras previstas en el Plan de Desarrollo 2030, incluso si estas son alcanzadas. 

La sociedad cubana tiene hoy muchas urgencias y carencias, pero la tercera edad, un cuarto de la población, es sin dudas uno de los focos rojos.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/la-calle/crisis-y-vejez-transitar-el-final-de-la-vida-en-cuba/

miércoles, 26 de marzo de 2025

Ruido y daño irreversible

 Por Malva Rodríguez González

Cuando se toma consciencia de algo, aun cotidiano pero que nunca antes habíamos notado, de repente es todo lo que percibimos. Como cuando estudiamos la Ley del Tránsito y  vemos mil infracciones, o cuando aprendemos lo que son los micromachismos y la sociedad deja de verse de la misma forma. Algo similar me pasó cuando aprendí sobre las células ciliadas en la clase de Fisiología de la Ejecución en la ENA (Escuela Nacional de Arte).  

Estas células, que se encuentran en el oído interno, son las encargadas de convertir las vibraciones del sonido en señales eléctricas que el cerebro interpreta como lo que escuchamos. En el documental que vimos ese día en clase aprendimos que, al nacer, nuestras células ciliadas están intactas y funcionan a la perfección. Por eso, en los primeros años de vida, nuestra audición es extremadamente sensible, contando con un rango completo de frecuencias, desde las más agudas hasta las más graves. Esta es la razón por la cual a los bebés puede resultarles molestos muchos ruidos que los adultos percibimos como normales.

Con el tiempo vamos perdiendo estas facultades por causa de un deterioro que puede estar provocado por simple envejecimiento natural o por la exposición a sonidos fuertes. Estos pueden ocasionar un daño irreversible a la audición, porque las células ciliadas no se regeneran; o sea, cuando mueren, desaparecen para siempre.

Una vez que asimilamos esta información, se adquiere una conciencia diferente en cuanto al cuidado de la audición y aun más para quienes el oído es una herramienta indispensable en su trabajo.

Hoy día la contaminación sonora es un fenómeno cotidiano; está completamente normalizada en la sociedad cubana. Lo mismo en conciertos que en fiestas, cafeterías, clases de spinning o medios de transporte.

Pero primero, ¿a qué me refiero con contaminación sonora? Nada tiene que ver con el tipo de música o la calidad del audio. Se considera contaminación sonora cualquier sonido que supere los decibeles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS); o sea, 65 db durante el día y 40 db por la noche. Son estos los parámetros que se reconocen como cívicos, al encontrarse muy alejados de los límites de riesgo fisiológico. Simple cortesía. 

Sin embargo, la exposición prolongada a emisiones de 85 db o superiores puede llegar a ser, además de nada amable, dañina para nuestros oídos. 

Las formas más sencillas de medirlo sin medios técnicos son: tener que gritar para comunicarse, que los oídos comiencen a silbar o incluso duelan, y si, cada vez que suena el bajo de la música, se siente retumbar todo el cuerpo. Dadas estas condiciones, probablemente el volumen esté demasiado alto.

Donde menos justificación tiene es en los conciertos en teatros. Si fuera al aire libre, puede llegarse a comprender que, para superar el ruido ambiente, o al encontrarse el público más disperso y lejos de los altavoces, es posible que sea necesario el sonido alto (aunque si estuviera más bajo también se agradecería). Pero, ¿en una sala de concierto? ¿Con todas las condiciones para escuchar en un entorno controlado? En estos casos, lo considero imperdonable. Varias veces mis amigos y yo hemos tenido que cubrirnos los oídos con cualquier cosa que hemos encontrado para intentar protegernos del exceso de volumen. 

El principal problema es que es un círculo vicioso. Hay costumbre de escuchar música alta, por tanto la audición empeora, y termina necesitándose subir aun más el nivel, con mayor perjuicio para el oído. Y así sucesivamente. Pasa con los músicos también, ya que muchas veces, al estar en un escenario, para escucharse mejor entre tanto estímulo sonoro, no tienen más remedio que optar por una referencia altísima.

En las cafeterías y espacios afines es simplemente mal gusto. Nunca he visto a alguien pedir que se suba la música en un café porque las conversaciones se escuchan demasiado bien. 

Como sociedad, falta una conciencia general sobre el cuidado de la salud auditiva, la propia y la ajena. Normalizar los volúmenes moderados para poder hablar y entendernos cuando hay música de fondo, por ejemplo. Naturalmente no siempre es posible; yo misma, estudiando, muchas veces supero los 85 db, por momentos. Se trata simplemente de comprender el cuidado que exigen las células ciliadas de nuestros oídos: una vez que las perdemos, no hay vuelta atrás.

https://oncubanews.com/opinion/mas-alla-de-un-piano/ruido-y-dano-irreversible/